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Mostrando entradas de abril, 2026

Gloriae et Musae

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  OBJETIVO FIJADO Focalizada misión, protocolo destruido de incertidumbre, eje vida que yerta opera ahora, convalida brindis, deshonesto avanzo,  despierto, despierto por la señal ahora, ascenso ascenso, dificultad eliminada evanesce mi dicha, crees Musa necesito a 18 años esgrimirme  dedicando día por semana a tu entidad, sí frialdad en escama incendio, épico avanzo, enseñanza procaz del valle los caídos, prendo mi río comatoso río todas puras flores desangradas oh, mi angelus llaga divinidad AHORA estoy vivo fumigaron margaritas de mi terraza antigua, al tiempo furtivo ya no apelo. Venzo coarto pulcra pena te amo y retemblaré hasta tu horizonte abro cielos bajo subiendo escala, acequia primaria, gloriae at divinitiae deshonesto                                                                      ha...

Árbol alto

ALTO ÁRBOL Saúl Ponzio Ibieta 🇲🇽  ALTO ÁRBOL (Viendo por la ventana de la casa de la calle Tacuba)   el árbol oscuro, preso del presagio de la lluvia, en este amanecer de ropajes grises, donde el viento abre sus manos de hierro por donde se desliza el agua azul-verde y una anguila prendida va y viene por su casa grande.   el árbol bebe nubes, y sus ramas son lluvia detenida.   Luego, un ave-pez se mueve más arriba, en la pecera inmensa del cielo frío; es agua y ala, en el río apagado del eco somnoliento.   Vertiendo caminantes de años en un pasar de paredes, la ciudad se estira en su vacío suspendido.   Y junto al árbol oscuro las calles, los callejones, las plazas respiran un gris metálico.   Y en mi pequeña casa se resguarda la ciudad, los animales, la gente, los espantos; y los árboles, quedándose afuera, con sus látigos de agua derramados.   no cae la lluvia: crece desde el árbol hacia el cielo,   Ahora se pegan y resbalan desde el bord...

Revelación

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REVELACIÓN   Saúl Ponzio Ibieta   Me gustaba   El pelo de ella era como un árbol de lumbre en las mañanas, en las primeras horas;   o eran olas de fuego en un vuelo ferviente.   Su rostro deslumbraba el hambre de lo blanco, de la belleza futura.   El río del vivir contenía su risa; y sus labios palpitaban cada mañana que la encontraba en su suave dominio.   De su voz, ¿qué decir de su voz?, si la amada hablaba de poemas, de libros, de alegorías y epopeyas tan grandes como la música de un río.   Ah, sin contar su piel brillante al sol, como girasoles resplandecientes...   En los parajes del río Santa Catarina, observábamos de lejos cada amanecer, justo cuando el Cerro de la Silla se pintaba de rojo, de blanco, de dorado...   y en esa luz primera, cuando el mundo apenas comenzaba, yo entendía que todo ese fuego   —el del cielo, el del río, el del día— venía con Ella.   Venía cada vez que a mí llegaba.