Revelación
REVELACIÓN
Saúl Ponzio Ibieta
Me gustaba
El pelo de ella
era como un árbol de lumbre
en las mañanas,
en las primeras horas;
o eran olas de fuego
en un vuelo ferviente.
Su rostro deslumbraba
el hambre de lo blanco,
de la belleza futura.
El río del vivir
contenía su risa;
y sus labios palpitaban
cada mañana que la encontraba
en su suave
dominio.
De su voz,
¿qué decir de su voz?,
si la amada hablaba de poemas,
de libros,
de alegorías y epopeyas
tan grandes
como la música de un río.
Ah, sin contar su piel brillante
al sol,
como girasoles
resplandecientes...
En los parajes del río Santa Catarina,
observábamos de lejos
cada amanecer,
justo cuando el Cerro de la Silla
se pintaba de rojo, de blanco, de dorado...
y en esa luz primera,
cuando el mundo apenas comenzaba,
yo entendía
que todo ese fuego
—el del cielo, el del río, el del día—
venía con Ella.
Venía cada vez que a mí llegaba.
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