Árbol alto

ALTO ÁRBOL


Saúl Ponzio Ibieta 🇲🇽 




ALTO ÁRBOL


(Viendo por la ventana de la casa de la calle Tacuba)

 

el árbol oscuro,

preso del presagio de la lluvia,

en este amanecer de ropajes grises,

donde el viento abre sus manos de hierro

por donde se desliza el agua azul-verde

y una anguila prendida va y viene

por su casa grande.

 

el árbol bebe nubes,

y sus ramas son lluvia detenida.

 

Luego,

un ave-pez se mueve más arriba,

en la pecera inmensa del cielo frío;

es agua y ala,

en el río apagado

del eco somnoliento.

 

Vertiendo caminantes de años

en un pasar de paredes,

la ciudad se estira en su vacío suspendido.

 

Y junto al árbol oscuro

las calles, los callejones, las plazas

respiran un gris metálico.

 

Y en mi pequeña casa

se resguarda la ciudad,

los animales, la gente, los espantos;

y los árboles,

quedándose afuera,

con sus látigos de agua derramados.

 

no cae la lluvia:

crece desde el árbol hacia el cielo,

 

Ahora se pegan y resbalan

desde el borde de la ventana.

 

Hay un eco en ellos,

un sonar, un esperar,

en el portentoso gotear del tiempo.

 

Hay un paraíso inenarrable,

o una ceguera que teje sus hilos;

de los cielos vienen palabras,

vienen rezos:

se desborda un río en mi cráneo.

 

Me lleno de flores

de confines lejanos,

de un tiempo que se acerca

—la presa venidera—,

del águila y la pantera,

del pez que respira en el aire.

 

En la estrella voluminosa,

en la capa que despierta y se oculta,

hay mil ojos que miran desde lejos.

Y en la tierra húmeda,

un olor perpetuo

a agua y raíz.

 

Por la infancia y la humedad,

por el tacto de las paredes nuevas,

la lluvia y sus árboles fluyen

entre canto y desencanto.

 

Atormentándonos con las horas,

siento la electricidad en mis manos:

el poder de lo posible

y lo imposible,

regresando siempre.

 

Van cayendo los granos de lluvia.

Arriba, el viento

sacude la parcela con violencia,

insiste en su forma líquida.

 

Y entonces miro tu rostro:

negro y de lumbre,

tus dientes de plata viva.

Oigo tu suspiro

y el enojo de tus ojos.

 

¡Oh, cómo se teme al viento

golpeando puertas y ventanas,

mientras adentro todo es refugio!

 

¡Oh, cómo se teme al aire y al agua,

secos y húmedos a la vez!

Mil aves transparentes

corren contigo.

 

Afuera, tus pasos golpean

vehículos, portones, láminas;

una montaña tras otra te sigue.

 

Sigue cayendo la lluvia.

 

Y el ave-pez

fertiliza la tierra con su golpe,

mientras al fondo se levantan

árboles turbios,

de cristal benigno y oscuro.

 

Por un instante

cede el tormento:

saltan luces breves

en el patio,

y aparece

un rostro femenino, sonriente,

con su collar de agua.

 

A lo lejos,

sombras golpean el horizonte,

relámpagos anidan en la nada.

 

He visto tu cara,

he escuchado tu voz.

 

Te nombro en la lluvia,

y la lluvia responde.

Te amo, me amas.

 

LLUEVE — FLORECIENDO.




 

SAÚL PONZIO IBIETA

Monterrey, Nuevo León, México

🇲🇽 Casa de la calle Tacuba.

 

Septiembre 1999

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