De nuevo 1992

De nuevo. 1992

 
Aquí estamos los dos de nuevo,
viendo el pasar del tiempo,
el caer de las hojas, el vuelo de las aves,
el estirar de sus alas
hacia la implacable lejanía,
viendo al sol y a su amarilla detonación.
 
Viendo el comienzo y el final de todas las cosas,
de todas las voces,
viendo pasar a los amantes,
los besos fríos y los besos calientes,
el embeleso de las palabras,
la ternura de los fragmentos
limpios en la mañana.
 
¡Aquí yo poeta canto!
¡Y aquí yo poeta lloro en tus labios!
¡Cantando un canto de infinitos cuántos!
 
Aquí estamos los dos de nuevo.
Esperando, atentos bajo la circunferencia solar,
para ver de nuevo su maravillosa detonación.
Estamos entre las sombras del árbol,
guardando nuestros secretos
junto a nuestros besos blandos y nuestros besos duros,
los besos largos y los besos cortos.
 
Aquí, mientras vemos a las nubes trasladarse
de un lado a otro.
 
Los dos seres enamorados.
¿Cómo no habría de enamorarse quien vive en este ciclo y guarda el amor entre las miradas?
Creyéndonos únicos,
solitarios, hartos de todo lo diario
que a veces pesa tanto,
de las voces que atormentan con sus cuchillas las horas enigmáticas del día.
Hoy hemos juntado varias ramas al árbol
para taparnos, amarnos y saciarnos de sombra.
 
Aquí todo está tan lleno de girasoles,
como tus ojos están tan llenos de los reflejos
de los más bellos astros,
que en ti encuentran su hogar.
 
Estamos, y bendito el tronco de estos árboles
que en silencio son bellos
y emanan una dulce miel
entre su madera grave:
un secreto solo para los dos,
como la marea suave
que respiro en tu aliento dulce.
 
¡Yo poeta canto al sol que nos mira!
¡Yo poeta lloro en tus labios de manzana!
¡Canto un canto de infinitos cuántos!
 
Aquí estamos los dos de nuevo,
entre el centenar de llamativas
espigas verdes,
entre los altos girasoles,
mientras observamos el devenir del tiempo.
 
¡Yo poeta canto!
¡Yo poeta lloro!
¡Yo poeta canto contigo!
¡Yo poeta lloro junto al llanto de tus labios!
En un ardor de infinitos tantos.
 
En los días dorados de un agosto,
tomando el licor de esta fruta
llamativa de estas horas
que arden en su belleza,
que son tormenta y alarde.
 
¡Yo poeta canto a las dulces flores de tu piel!
¡Yo poeta lloro en tus blandos labios que esperan!
¡Yo poeta canto cantos infinitos, llenos del clamor que late en las eternidades!
 
Estamos los dos de nuevo.
Y aquí el día es sustancia coherente;
la plaza y esta banca
de piedra blanca:
bien sabemos que todo está lleno de belleza.
 
Estamos, amor, los dos juntos de nuevo,
viendo las aves que se levantan
con ese fervor y ese deseo,
viendo a las aves que se pierden,
y a toda ave que se acerca.
Todo esto está lleno de florecimiento:
estamos entre lo divino y lo sometido.
 
Yo con tus flores rojas en mis labios.
 
¡Yo poeta canto al tiempo que se detiene!
¡Yo poeta lloro en tus labios de siempre!
¡Yo poeta canto cantos de infinitos cuántos!
 
Estamos los dos juntos de nuevo,
contemplando todo: al amor con todo su poderío,
a sus flores sedientas y a nuestras flores eternas y sedientas;
tú con tu femenino poderío,
yo acechándote de nuevo como un torbellino lejano
que busca llevarse tus flores, llevarse todo, dejando nada.
 
En un nuevo comienzo.
El día sacó su acero y camina despacio.
El mundo es eterno.
 
Viendo el pasar del tiempo,
el caer de las hojas, el vuelo de las aves,
el estirar de sus alas
hacia la implacable lejanía,
viendo al sol y a su amarilla detonación.
 
Viendo el comienzo y el final de todas las cosas,
de todas las voces,
viendo pasar a los amantes,
los besos fríos y los besos calientes,
el embeleso de las palabras,
la ternura de los fragmentos
limpios en la mañana...
 
Y aquí estamos los dos  1992.

Saúl Ponzio Ibieta Monterrey Nuevo León México 🇲🇽 90s 
Condominios Constitución, río Santa Catarina.

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